Buenos Aires y el Río de la Plata, una relación de amor y odio
Buenos Aires es una ciudad puerto, y sin embargo, es probable que caminemos, y hasta pasemos días en ella, sin enterarnos demasiado de que no muy lejos, las aguas naturalmente turbias del Río de la Plata son la razón de ser y sustento de una de las ciudades más importantes de Sudamérica.
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Lo primero que se preguntan los turistas al observar el Río de la Plata desde Buenos Aires es si el río está contaminado a juzgar por el color turbio, rojizo y opaco de sus aguas. Lo cierto, es que si el río está contaminado o no (probablemente lo está), el color del agua es completamente natural. El color turbio es el principal motivo por el cual el Río de la Plata se encuentra a espaldas de la ciudad, al menos fue lo que sucedió durante largas décadas.
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El Río de la Plata estableció con Buenos Aires (o al revés) una relación de amor y odio. Y Si durante años, Buenos Aires casi ha preferido darle la espalda a su río, en los últimos años la tendencia parece revertirse, sobre todo en la recuperación de sectores costeros, y el renacimiento de zonas como Puerto Madero, el antiguo puerto abandonado de la ciudad. El Río de la Plata, quizás sólo por llevar la contraria, tiene toda la tranquilidad que se niega a sí misma la frenética Buenos Aires.
Para disfrutar de las vistas del Río de la Plata, lo mejor es acercarse a la costanera norte, muy cerca del Aeroparque Jorge Newbery. Una extensa costanera ideal para caminatas permite apreciar la dimensión del que está definido como el río más ancho del mundo.
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En el Río de la Plata, se puede además navegar, y a través de los barcos de paseo que salen desde Puerto Madero o La Boca obtener algunas de las mejores vistas del perfil costero de la ciudad. O Incluso, atravesar el río por completo y llegar hasta la costa de Uruguay. En los últimos años, son cada vez más los cruceros turísticos que llegan a la Terminal de Cruceros Benito Quinquela Martín, con miles de pasajeros ansiosos por recorrer las calles de la ciudad del tango.
El Río de la Plata, es además elegido por los residentes para la práctica de deportes náuticos, con numerosos clubes sobre todo en la zona norte del conurbano. En el río, es posible la pesca, y hay cada vez más espacios verdes para disfrutar de la costa, incluyendo una inmensa Reserva Ecológica a pasos del centro de Buenos Aires. Poco a poco, el río se va incorporando tímidamente al paisaje urbano, un placer que se ha negado caprichosamente por años, y que merece ser compensado.
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