Desde tiempos remotos, el hombre ha buscado en los juegos y ejercicios al aire libre entretenerse y demostrar su agilidad, destreza o fuerza, lo que dio origen a los distintos deportes originarios en diversas partes del mundo.

En Argentina, ya en el siglo XVI se realizaban contiendas o ‘corridas’, entre los gauchos de la llanura pampeana, donde dos equipos de jinetes jugaban a arrojar un pato vivo hacia arriba (de ahí el nombre del juego) y trataban de capturarlo como fuera hasta llevarlo hasta un sitio predeterminado. Los jugadores de entonces, se pasaban el animal unos a otros lanzándolo o golpeándolo para finalmente, lograr encestarlo en una red, aunque en ocasiones se metía el pato dentro de una cesta o una bolsa de cuero con asas y con ella se jugaba.

El objetivo del Juego del Pato era obtener la mayor cantidad de puntos que se obtenían al lograr pasar el pato a través del aro de los oponentes. Al carecer de reglas, el juego se tornaba extremadamente violento en ocasiones provocando incluso, la muerte de muchos gauchos que resultaron muertos al ‘rodar’ su caballo o siendo atropellados por otros caballos.

Las autoridades civiles y eclesiásticas vieron con desagrado el juego y fue temporalmente prohibido por ley en 1822 aunque, en realidad, la prohibición no se originó por el maltrato del animal sino porque los participantes dirimían a duelo de facón las disputas del juego y la iglesia cristiana prohibió dar cristiana sepultura a quienes murieran en ese deporte.

Hoy en día, es un deporte muy similar al polo, tiene su reglamento y se juega con una pelota con 6 asas que reemplaza al animal. Declarado en 1953, Deporte Nacional, es notable que el Juego del Pato tenga un número tan escaso de menciones en la literatura gauchesca.

Foto: Círculo Argentino