Publicado por: María Belén.-

Dentro de la gastronomía argentina, el consumo de ‘facturas’ es un hábito frecuente  para acompañar el mate, el té o el café. Similares en apariencia a las ‘pastas’ dulces que se consumen en España o Francia son, sin embargo, muy diferentes.

Las facturas se elaboran con una masa panificada de levadura y a base de manteca o grasa, a partir de la cual se prepara una enorme variedad de sabores y formas, algunas con nombres curiosos que tienen su historia.

Y es que fueron introducidas por la gran inmigración europea que se dirigió a la región rioplatense a principios del siglo XX; los diferentes grupos migratorios con sus aportes, conformaron este característico bocado dulce de la gastronomía Argentina.

Los panaderos de aquella época, en su mayoría anarquistas, bautizaron las facturas con ironía y a modo de secreta resistencia: ‘cañoncitos’, ‘bombas de crema’, ‘sacramentos’, ‘vigilantes’ y ‘bolas de fraile’ (también conocidas como ‘suspiros de monja’).

Actualmente, las facturas más populares y que se consumen con mayor frecuencia,  son las ‘tortas negras’ que tienen su cubierta espolvoreada con azúcar morena, los ‘cañoncitos’ rellenos de dulce de leche, los ‘pan de leche’, con copete de crema pastelera y una gran variedad de facturas rellenas con dulce de membrillo, de leche o crema pastelera. Pero entre  esta variedad, quizás sean las ‘medialunas’ las facturas más populares que, similares en apariencia a las croissants, se elaboran en sus dos versiones: dulces o de grasa.

Las facturas se venden por docena aunque puedes comprarlas por unidad según prefieras, pero si viajas a Argentina, seguramente habrás de probarlas, porque son infaltables junto al mate con amigos una  cita que a la que siempre obliga  la  proverbial hospitalidad de los argentinos.

Foto: Planeta Joy

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