El turismo rural, en un país como Argentina, que históricamente vivió ligado al campo y a la vida en grandes extensiones, donde el horizonte apenas se ve interrumpido por un árbol solitario, es una actividad en crecimiento que ofrece todas las comodidades del siglo XXI en los llamados cascos de estancia, mansiones que antiguamente habitaban los grandes terratenientes del país.
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Las llamadas estancias, eran el centro de operaciones y residencia de los dueños de las extensiones de tierra más impresionantes del ya legendario campo argentino. Apenas al salir de la ciudad de Buenos Aires, y su extensa área metropolitana, el horizonte llano se extiende dejando al descubierto la llanura pampeana, un paisaje monótono que abarca miles de kilómetros. La Pampa, abarca varias provincias, algunas de las más ricas del país como Córdoba, Santa Fé o la propia Provincia de Buenos Aires, por su actividad ligada a la agricultura y la ganadería desde los tiempos fundacionales del país. La incipiente aristocracia, que hizo florecer la ciudad de Buenos Aires con suntuosos edificios y palacios, tuvo la iniciativa de emular muchos de los estilos y modos de vida europeo, construyendo verdaderas mansiones en el medio del campo, lo que es muy parecido a la nada.
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Con el paso del tiempo, muchas de las estancias, comenzaron a abrir sus tranqueras (o puertas del campo) al turismo, invitando a internarse en la vida del hombre de campo, conociendo sus labores, costumbres y el folklore local.
Los servicios al turismo en estancias, pueden incluir desde visitas de un día, hasta estadías más largas con alojamiento incluido. Las hay para todos los gustos y a la medida de cada presupuesto. En Lobos, la estancia La Candelaria es una de las más suntuosas, con un palacio de estilo medieval rodeado de lagos y parques de detalles exquisitos. San Antonio de Areco, a una hora y media de Buenos Aires, es uno de los epicentros del turismo ligado al campo, con estancias como La Cina Cina, La Bamba, estancia El Ombú de Areco.
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Distribuidas por cientos de kilómetros, las estancias en paisajes llanos abundan en la Pampa, pero para experimentar paisajes más extremos, habrá que trasladarse miles de kilómetros hacia la Patagonia o el norte del pais. Al pie de grandes montañas y zonas ventosas, perduran algunas de las estancias más extensas del país, como la estancia Helsinfors, cerca de El Calafate. Hacia el norte, en la provincia de Misiones, o en Mendoza al oeste, las estancias se suceden y son ideales para organizar eventos empresariales en un marco de naturaleza casi virgen y servicios de primera categoría.
Son muchas las opciones y matices de cada estadía, desde practicar polo o tenis, hasta cabalgar y perderse en el paisaje, compartir las actividades de campo junto a los peones o gauchos, participar de una guitarreada donde se recitan coplas o payadas. Visitar una estancia será un modo de internarse en la llamada Argentina profunda, las raíces de una cultura ligada a la tierra que sustenta gran parte de la riqueza del país.
